Sobre mí

Todo empezó con una pantalla negra (mi historia)

El origen

Probablemente todo comenzó en mi niñez. Recuerdo perfectamente el día en que mi padre compró la primera computadora para mis hermanos y para mí, una computadora de escritorio de la marca DELL con Windows XP que en aquel tiempo era lo máximo. Para instalarla, vino a casa un amigo de mi padre que era Ingeniero en Sistemas. Mientras él trabajaba frente a pantallas negras y azules, escribiendo comandos que nadie más entendía, yo quedé absolutamente fascinado. No veía a un técnico, veía a alguien con un «superpoder», la habilidad de entender un lenguaje secreto que lograba comunicarse con las computadoras y que hacía que las cosas ocurrieran. Aunque después, como cualquier niño me distraje jugando, creo que esa imagen se quedó sembrada en mi mente. Fue esa curiosidad, ese deseo de entender lo que había detrás de la pantalla, la razón principal que me impulsó a estudiar ingeniería.

Mi vida como profesional

El emprendedor | Mi primera lección: un proyecto es más que solo código

Mi carrera profesional no comenzo con un empleo, si no con un salto al vacío sin saberlo. Un año antes de graduarme funde mi primera empresa de desarrollo de software junto a tres amigos. Eramos 4 programadores sin experiencia, pero con una enorme motivación por crear. Pronto descubririamos la dura realidad, ser buenos programando no era suficiente. Con las fechas de entrega encima y bajo una presión inmensa, tuvimos que aprender a la fuerza sobre diseño, experiencia de usuario, atención a clientes, contratos, gestión de proyectos, contabilidad, y muchos otros temas que giran alrededor de un software bien construido.  Aunque ese primer emprendimiento no fue rentable, la lección fue invaluable y definio mi enfoque profesional para siempre: La tecnologia es solo una pieza de un rompecabezas mucho más grande.

El profesor | El arte de simplificar lo complejo

Al egresar de la universidad, tomé un rol que no esperaba pero que resulto ser una de mis formaciones más importantes, fui profesor. Enseñar programación, lógica y análisis a estudiantes desde cero me enfrentó un desafío constante: ¿Cómo hacer que lo abstracto se sienta simple y lo complejo, accesible?
Esa experiencia fue una maestría acelerada en comunicación. Aprendí a desglosar ideas, a encontrar la metáfora correcta y a traducir el lenguaje técnico a un idioma que todos pudieran entender. Hoy, esa habilidad para traducir lo técnico a lo práctico es la base de todo, desde mi trabajo de consultoría hasta cada artículo en este blog. Todo nace de la misma convicción, mi pasión por compartir conocimiento y hacer que la tecnología sea comprensible para todos.

El asalariado | Entendiendo el sistema desde adentro

La zona de confort es peligrosa para quien ama aprender. Sentí que mi crecimiento como profesor se había ralentizado y sabía que necesitaba volver a las trincheras para enfrentar la complejidad de la industria a gran escala. Decidí unirme a una gran empresa, y mi proactividad me llevó a ascender rápidamente hasta liderar el departamento de sistemas.
Esa experiencia fue mi «maestría» en el mundo corporativo. Más allá de la tecnología, aprendí sobre la gestión de equipos, la importancia de una cultura sólida y los desafíos reales que enfrentan los líderes de departamento. A pesar del éxito y un buen salario, la chispa del emprendedor volvió a encenderse, pero esta vez con una nueva perspectiva: comprendí que los mayores retos de una empresa no siempre son técnicos, sino humanos y estratégicos.

De vuelta a la arena | Un nuevo enfoque

Con esa nueva perspectiva de haber estado «del otro lado de la mesa», volví a emprender. Este segundo viaje no fue más fácil; estuve lleno de lecciones aprendidas a la fuerza. Fui cofundador de una startup donde, a pesar de construir un producto técnicamente impecable, fallamos en la comercialización. Ahí entendí la lección más importante para cualquier proyecto tecnológico: una gran solución sin una gran estrategia de mercado, no es un negocio.

Cada obstáculo, desde navegar una pandemia histórica hasta pivotar ideas, fue afilando mi visión. Comprendí que mi verdadero «superpoder» no era solo programar, enseñar o liderar equipos por separado, sino integrar todas esas facetas.
Todo este camino me ha llevado a donde estoy hoy, ahora mi enfoque es más profundo. Me convertí en un consultor tecnológico especializado en Inteligencia Artificial. Mi trabajo es sentarme de tu lado de la mesa, usar toda esta experiencia, la del ingeniero, la del profesor, la del líder y la del emprendedor, para diseñar e implementar soluciones de IA que estén ancladas a tus objetivos de negocio y generen un ROI claro.
Este sitio es la extensión de esa misión. En el blog, comparto las lecciones de este viaje. En los recursos, te entrego las herramientas que he encontrado valiosas. Es mi taller abierto, un espacio para demostrar que la tecnología, cuando se aplica con estrategia, es el motor de crecimiento más potente que existe.